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Terra
La Coctelera

Que vidrios se me clavan la lengua porque yo quise

"!Qué vidrios se me clavan en la lengua!

Porque yo quise olvidar

y puse un muro de piedra

entre tu casa y la mía.

Es verdad, ¿no lo recuerdas?

Y cuando te vi de lejos

me eché en los ojos arena.

Pero montaba a caballo

y el caballo iba a tu puerta..."

Federico García Lorca.

José María Manzanares

Algunos toreros saben cómo se torea bien , pero no pueden reflejarlo en la plaza. Es ésta una gran tragedia. No poder expresar con las telas lo que a ellos les han transmitido los grandes...Y es que nadie les ha explicado la diferencia entre tener y ser. Entre querer y poder.

Algunos aprendices memorizan los cánones , escuchan con atención a sus maestros en las escuelas taurinas, ven videos, se dejan la coleta natural , escuchan flamenco , hablan medio andaluz, aprenden dos guasas y ya se creen la reencarnación de Belmonte.

Otros toreros respetan esta profesión desde antes de nacer. Y entrenan, escuchan y tratan de emocionar cuando ya empiezan a pisar las plazas. Son estos, toreros que pasan por diferentes etapas y nunca se rinden cuando creen que realmente pueden evolucionar y llegar a conseguir una técnica depurada , la misma que les permite que les valgan muchos toros y que recorran las ferias y corten las orejas, y reciban mil palmadas en la espalda... Muchos de ellos llegan a ser buenos matadores de toros. Parar, mandar, templar...

De muchos se dice que tienen una gran capacidad, que ven y hacen faena donde muy pocos la puede hacer. Hay toreros regulares, poderosos, de arte, valientes, temerarios, técnicos,de grandes ferias, de festivales, novilleros con proyección, con ambiente. Existen toreros bullidores, con gusto, con variedad, estéticos...

Tmbién los hay vulgares, pegapases, aburrevacas, sin clase, incapacitados para el toreo (aunque muchos se ganen la vida en esto) o simplemente, malos. Y dos o tres mil adjetivos más que leo día tras día , crónica tras crónica, crítica tras crítica...

Y después está el grupo de los elegidos. Una selección de muy pocos, de poquísimos. Son los matadores atemporales, clásicos, los del regusto y la pulcritud, los espejos de las generaciones que están y de las que vendrán. Los del empaque y el poso. Los de las piernas de piedra y los tobillos de cristal. Los de las muñecas de fuego y la cintura de colores...Esos matadores que te recrean por dentro, que le dan una vuelta más al arte. Son toreros que nacen con estrella, que son tocados por algo o por alguien que los transforma en extraterrestres. Que vacían con la profundidad de cada muletazo un trozo de ellos mismos.

Estos toreros no tienen definición posible. No entran en ningún grupo. Ni bueno ni malo. Igual que no se definen las emociones, las sensaciones, los besos, las penas...Explicar ciertas cosas es transgredirlas de alguna forma. Poner palabras a lo etéreo es hacerlo terrenal, vulgarizarlo...

No se puede hablar de los vuelos de un capote suplicando el lentísimo movimiento de unas muñecas prodigiosas. Eso, señores, es orfebrería. De una media rematada con la barbilla hundida en el pecho, fusionada casi con él. Los tres segundos de un natural a compás, profundo, ralentizado, fajado, vaciado, fibrado, enjaretado, con la muleta rozando la arena...eso debería estar prohibido contarlo...El empaque , la gallardía, la clase...son solo conceptos.

¿O quizás no ?

A ti te lo pregunto, Manzanares. A ti, que materializas y pones notas a la música del toreo cada tarde. Paso a paso. Lentamente. Con la constancia de los ganadores...El axfisiante avance de la figura del toreo. Que se forja y quema todo a su alrededor, Que vence y convence.

¿Qué se siente en ese club selecto , donde escribís en el alma de los demás, José Mari?

"Lo que daria , cachorro...!"

Lo que daría, Cachorro
por haber sido torero,
y vestir de blanco y oro
con alamares de ensueño.
Por liarme en un capote
en el patio de los miedos…
Ay, Señor, lo que daría
por haber sido torero,
o salir de aficionado
en plazas y tentaderos.
Hubiera dejado todo,
mis ilusiones y anhelos,
me hubiera mentalizado
a entregarme en alma y cuerpo
¡hubiera dado la vida
por torear en los ruedos!
Yo me fijaba en Belmonte,
En Cagancho y en Chicuelo,
pero se truncó mi suerte
por culpa de aquel becerro
y sólo vestí de luces
dos veces de novillero.
Ay, Señor, lo que daría
por haber sido torero,
y hoy, Cachorro, no soy más
que un artesano alfarero
en un corral de la Cava
igual que lo fue mi abuelo.
¡Lo que daría, Señor,
Lo que daría y no puedo!
Pero hay un día al año
en el que cumplo mi sueño,
cuando me llaman: “¡Valiente!”
entre el olor del incienso
¡qué suerte tengo Dios mío!
¡Cachorro, que no estás muerto!
Por que es aquí, en Triana,
-¿dónde si no, Padre nuestro?-
la noche del Viernes Santo
cuando me siento torero,
con mi faja y alpargatas,
con el costal de mis rezos,
para mecerte Cachorro
¡para llevarte hasta el cielo!

Rafael Peralta Revuelta (Del libro “Pregón Taurino de Triana”)

Ahora entiendo...(Carlos Trejo, DEP)

"Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida. "

Ahora , despues de estar casi una semana sabiendo que ya no estas...despues de pensar por que te has ido sin decir adios...entiendo.

Entiendo por que la muerte es a veces tan ridicula y tan vacia como para querer llevarse a alguien como tu. Sin avisos, sin posibilidad de nada que no sean lagrimas. De quitar de aqui al Carlos sincero, amigo , trabajador, cariñoso, valiente, optimista, amigo, tan lleno de luz y de comprension...

Entiendo por que , con el tiempo, la certeza de no poder volverte a ver sera un poco mas soportable.

Entiendo que , si yo fuera Dios y tuviera su poder, tambien querria tenerte a mi lado...

Ahora entiendo por que te considere un angel: porque estabas muy cerca de serlo.

Carlos, gracias por ayudarme tanto con tus manos. Has dejado mi cuadriceps perfecto y mi corazon desecho y sordo de pena.

Te quiero Carlos, nos vemos algun dia, en otra vida, donde estes.

Maria.
.

ERES SEVILLA...

¿Cómo no voy a acordarme del día en que volví a verte, después de tantos años, siendo yo un adolescente?. No creas, mi amor, que esas cosas se olvidan. Lucías tú una clara mañana de verano, de amaneceres que no mienten, de esas mañanas de luces blandas que te hacen gloriosa. La luz se había levantado a eso de las seis. Recién habías despertado y en tu rostro encalado se dibujaba la dulzura de los cuerpos tibios. Yo vestía de blanco, tenía veintiséis años menos y el corazón a medio escribir. Ni siquiera podía imaginar que algún día fueras a fijarte en un muchacho que se presentaba ante ti con una maleta, tres tebeos y el rostro atontado por una larga noche de tren, siempre el tren.

Creí, al verte, que el nuestro estaba condenado a ser eternamente un amor de perfil, porque no me sentía con fuerzas de aguantarte la mirada, ese dulce tiroteo de tus ojos. Sólo tenía una vergüenza apocada y un viento que me la esparcía por toda el alma. ¡Hubiera querido decirte tantas cosas!. Que llevaba años deseándote, que por qué haber esperado tanto, que ya iba siendo hora, amor, de darnos lo soñado, que vendería mis años al peso, por uno solo de tus suspiros, que... pero solo me salieron arrullos de mansedumbre. Si acaso, adornados por aquellos vencejos que se empeñaban en hacer jeroglíficos en el cielo, pero poco más.

Empezaba entonces nuestra historia pequeña, la que sabemos tú y yo. "Pasa, hay sitio" y pasé. Me acomodé en uno de tus rincones en los que la vida transcurre lenta, a velocidad de óleo, dispuesto a rondarte cada noche desde las tinieblas de cualquier bocacalle. Me propuse quererte desde la fiebre que me consumía, desde el grueso de la muchedumbre que te ama, desde el silencio atronador de mis pulsos, desde la lágrima y el sobresalto. Y así fuimos creciendo, tú en tus cosas y yo... también en las tuyas.

Iba a diario a ver el árbol de hojas lentas por el que se te muere la tarde, a mojar mis dedos en el agua bendita con la que te santiguas, a cargarme como tú con el aroma de las horas, a beberme la sal de tu llanto, a mecerme al cobijo de ese viento tuyo que arrastra su calderilla de hojas como quien descorre una cortina. Soñaba con tomarte de la cintura y pasearte a la antigua, con el paso pegajoso de los veranos; soñaba con acariciarte esos labios con los que modulas el almíbar de tu acento; soñaba la aurora de tu mirada mientras se desdibujaba el día tras la ventana de las cosas. Iba a encontrarte en el fondo de los ojos de La Candelaria. Soñaba, mi amor, con presentarte a mis padres, y a mis amigos, y al mundo entero. Y después echar a correr gritando tu nombre por los callejones de la memoria.

Fue entonces cuando supe que había nacido a ti. Que ya nada tendría sentido sin ti. Que solo con el favor de una mirada yo podría construir todo un búcaro de rosas. Que de golpe desaparecía tanto polvo acumulado en los labios.

Me besaste discreta y quedamente una de esas noches en las que el amor se te hace grande y ya tengo desde entonces el corazón vestido de festejo mientras se van desprendiendo, uno a uno, todos mis pétalos de ceniza

Hoy, mi amor, tras los años, tenemos tantos golpes que ya ni de pie cabremos en la muerte. A veces pienso, como dijo el poeta, que solo nos falta la miseria para ser invencibles. Sin embargo, sigo amándote con la misma imprudencia de siempre, como si fueres solo mía, como si nadie más pudiera amarte con la furia de los tímidos o la impericia de los adolescentes. Sigo abrigando una tortuosa senda de sentires que me lleva, inevitablemente, ante ti. Y ante ti estoy, al igual que aquél otro día en el que el soplo de tu gracia golpeó mi rostro adormecido. He vuelto para quererte y para decírtelo pausadamente, masticando cada palabra y cada verso:

Soy, mi amor, lo que queda de un abrazo
El vaivén de tibias manos en la cuna
Ese gozo que cabe en tu regazo
Cuando un niño está rezándole a la luna.

Soy un hombre feliz porque te amo
Porque espero que tu entraña se entreabra
E ir sembrando, quedamente, tramo a tramo
Tanto amor recriado en mi palabra

No me mueve más la risa que el lamento
Ni a ti la multitud. Una cuadrilla
Te es bastante, te sobra, te da aliento
Soy la sombra, tú la luz, eres Sevilla

Herrera, Carlos.

Comparable a tu hermosura...

No hay clavel comparable a tu hermosura...ni que tenga mejor talle que el que tiene tu cintura...

Mis deseos para el 2008.

Llevo pensando unos días qué cosas se pueden desear a una persona para el año nuevo. Pero no cosas normales, no. Cosas profundas, intensas, de las de verdad. De pasión, de arte, de hacer que sigamos sintiéndonos vivos...
Y resulta que a todo lo que quiero para vosotros, ya le puso letra y música Sabina...así que sólo me queda deciros:
"!!!Qué lo disfrutéis!!!"
Un besazo,
María.
"Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas,
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que nuncase ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.
Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.
Que no se ocupe de tí el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.
Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que nunca se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel."

La Navidad

Lo que más echo de menos en Navidad es, por supuesto a los abuelos y amigos que me faltan y a los que hoy no puedo dar un abrazo. Pero también echo de menos de forma exagerada las sensaciones que tenía de pequeña en estos días y que intento agarrar con alfileres para volver a vivirlas ahora, aunque todo sea tan diferente ...
La actuación del cole vestida de pastorcita, los villancicos ensayados a última hora y en los que yo siempre quería tener un papel importante , la gran compra de turrones, de dulces y de comida especial, la lotería, nuestro nacimiento, nuestro árbol y nuestra actuación de Nochevieja para toda la family...y la noche de Reyes...que no la cambiaría por nada...
La vida se encarga de transformar algo en tus ojos y en tu corazón y simplifica todo para mal, incluso la Navidad. Pero no puede cambiar las sonrisas de todas las Nochebuenas cuando recibo un mensaje de mis amigos, y otro, y otro, y me emociona saber que me tienen en su corazón y de alguna manera sentada también a su mesa...igual que yo a ellos...No puede cambiar la emoción de volver a escuchar de boca de mi padre los villancicos que nos han visto crecer, sacar de las cajas los viejos adornos del árbol y el beso que damos al Niño Jesús cuando volvemos a ponerlo en el pesebre un año más y cuando lo guardamos hasta el año que viene...
En resumen, que , a pesar de dar la razón aquí a todos los que piensan que tengo el gran síndrome de Peter Pan, tengo que reconocer que añoro muchoooo mi infancia, porque es la etapa de la vida en la que más feliz eres porque realmente no eres consciente de ese estado. Esto me lo enseñó un amigo, que tiene un hijo y que insiste en manternerlo en la burbuja de la felicidad, de la inconsciencia, de no enterarse realmente de que es feliz porque lo es tanto que no imagina lo que la vida es.
Yo comparto ese propósito. Hay que cuidar a los niños y llenarlos de felicidad y mantenerlos a kilómetros de distancia de lo malo, la tristeza y de lo prosaico de la vida. Que vivan siempre así y , en especial, estos días con todo el espíritu navideño que nuestros abuelos y nuestros padres se encargaron de transmitirnos. Porque los sentimientos y la sensibilidad es el mejor legado que pueden recibir nuestros peques y porque los niños son lo más sagrado que existe y nadie tendría que poder despertarles de su sueño de inocencia...

A todos vosotros, os deseo que podáis vivir la Navidad con el brillo en la mirada y la chispa en el corazón que teníais con 6 añitos.
Feliz Navidad!!!